domingo, 10 de noviembre de 2013

El riesgo de impacto de meteoritos puede ser mayor de lo esperado


El meteorito de Chelyabinsk se ha convertido en un auténtico despertador para mandamases de todo el mundo, que ven como la amenaza de un objeto impactando contra la Tierra es bastante amenazador. Pero curiosamente el protagonismo no lo tienen los grandes asteroides que son capaces de extinguir a la humanidad, sino los mas pequeños, aquellos que no son detectables tan fácilmente y mas difíciles de predecir.

Esta es la conclusión a la que han llegado los científicos después de investigar el meteorito de Chelyabinsk, que al llegar a la atmósfera a una velocidad de 19 kilómetros por segundo (50 veces la velocidad del sonido) brilló unas treinta veces mas que el sol, con una energía equivalente a 500 kilotones de TNT. Después de estudiar los trozos que quedaron del impacto, ahora sabemos muchos detalles. Por ejemplo, gracias a la trayectoria sabemos que provenía del cinturón de asteroides, localizado entre Marte y Júpiter. Está compuesto principalmente de silicatos formados en el Sistema Solar hace miles de millones de años.

En este sentido hubo suerte, ya que si hubiese sido un cuerpo mas sólido no se habría desquebrajado tan fácilmente y podría haber provocado unos daños mucho mayores de los que finalmente se produjeron, que finalmente fueron únicamente materiales, aunque existen informes de personas que cayeron al suelo por la onda expansiva.

Lo llamativo es que este asteroide no es único, ya que su órbita antes del impacto era muy similar a la de otros asteroides conocidos. Pero los que de verdad preocupan son los que aún no conocemos pero sabemos que están ahí fuera, y que son millones. En el caso del meteorito de Chelyabinsk, no se pudo detectar con antelación porque vino de una región del cielo que no puede ser cubierta por telescopios terrestres; los astrónomos rusos aseguran que únicamente de día hubiese sido posible encontrarlo, pero en este momento el brillo hace imposible ver objetos de ese tamaño.

Fuente: Omicrono y Nature